Imputan a la sombra del viejo almendro Atzeneta, y la sobremesa del bar ya no tiene la misma paz que antes. Lo que empezó como un cotilleo de sobremesa acabó en denuncia formal y en la ciudad nadie sabe si reír o podar la rama culpable.
La noche del suceso la plaza estaba como siempre: sillas de plástico, alguna birra en cacaus y el aroma del carajillo que quedaba en las tazas. Según testigos, la discusión por celos se encendió cuando una serie de murmullos atribuyeron actitudes sospechosas a la llamada sombra; entre los presentes estaban Juanito, la Jake y el tio Pep, que llevaba incienso y muy buena voluntad.
La sobremesa que acabó en denuncia
La cronología oficial sitúa el inicio de los hechos en torno a las diez y media, con la sobremesa ya avanzada y el dueño del bar cerrando la caja. Una pelea de palabras subió de tono cuando alguien dijo que la sombra del almendro estaba ‘mirando’ más de la cuenta. La denuncia recoge que esa sombra habría propiciado gestos y comentarios que, según el denunciante, constituyen coacciones y actuaciones que surgen del rencor y los celos en público.
El lugar exacto es la terraza del bar próximo al Pou de la Riba, donde el almendro centenario proyecta sombra en la mesa del rincón. Los implicados se reconocen en el pueblo aunque algunos usan sobrenombres: La Puri asegura que vio todo con sus prismáticos, y El Negosis pasó por allí después, dispuesto a negociar la paz con un caldo.
¿Imputar a una sombra? La ley y la broma se cruzan
Imputar, en términos jurídicos, es otra cosa que sentenciar; significa que alguien queda formalmente señalado en una investigación. En el lenguaje de los masovers suena a chiste, pero en los papeles puede convertirse en una causa que requiere diligencias: los llamados delitos de celos se valoran por conductas como coacciones, amenazas o injurias, y dependen más del acto que de la intención romántica.
En la práctica, los investigadores buscan pruebas: testigos de la sobremesa, grabaciones del móvil que nadie borró aún, partes policiales y cualquier atestado que documente el intercambio. Si la ‘sombra’ fuera en realidad un apodo, la identificación será sencilla; si la sombra es literal, la oficina de Medio Ambiente ya no sabe si abrir expediente por antropología local.
El barranco murmura: vecinos y precedentes
La historia del almendro centenario en Atzeneta es de respeto: punto de encuentro en fiestas y referencia para indicar direcciones. Que ahora sea protagonista de un expediente por celos ha encendido la curiosidad de Vistabella hasta Xodos. Algunos recuerdan casos parecidos de sobremesas que acabaron en el juzgado, y casi siempre la comunidad optó por pactos, disculpas públicas o paellas los diumenges.
La repercusión mediática ha sido la justa: fotos borrosas en redes, comentarios de la contornà y la inevitable discusión sobre si la palabra ‘sombra’ se usó en sentido figurado para nombrar a una persona o si fue, sencillamente, una broma que se les fue de las manos.
La Puri: «Jo ho vaig veure amb els prismàtics, la ombra estava massa atenta; jo no acuso a l’arbre, però mira, que el bancal parla clar.»
El caso seguirá su curso entre diligencias y sobremesas. En el kiosco del barranco ya se barajan teorías, la rama en cuestión sigue ahí y, por si acaso, algunos vecinos han empezado a reservar la mesa del rincón por si la sombra decide declarar.
